
Evocaciones escultóricas de Manuel Felguérez
Por Vera Castillo
Evocaciones escultóricas propone un recorrido por la producción de Manuel Felguérez a través de un conjunto de esculturas y pinturas realizadas entre la década de 1980 y el 2015. Más que una revisión cronológica, la exposición busca traer a la memoria a uno de los artistas fundamentales del arte moderno mexicano, cuya obra ha ocupado un lugar central en la consolidación del abstraccionismo y el geometrismo en México. Su interés por el arte se consolidó desde el inicio de su formación artística, cuando viajó a Europa en la década de 1940 y comenzó sus primeros acercamientos a la escultura; cobrando protagonismo en el geometrismo a partir de los años setenta, cuando, logró depurar su pintura hasta alcanzar una geometría total.
La exposición presenta tres conjuntos escultóricos. El primero reúne modelos realizados en metal policromado, concebidos por el artista como proyectos para posibles esculturas públicas. Estas propuestas eran inicialmente exploradas mediante modelos de cartón ensamblados con pegamento y, una vez resueltas, se traducían en piezas de mediana escala, que son las que se presentan en esta muestra. Estas obras, fechadas entre las décadas de 1980 y 1990, revelan una combinación de elementos geométricos que pueden remitir a las formas características de sus proyectos anteriores como La máquina estética y El espacio múltiple.
Las esculturas de este primer conjunto fueron concebidas para transmitir una sensación de ligereza, pese a estar realizadas en hierro y a haber sido pensadas como modelos para futuras obras monumentales en el espacio público. Esa cualidad se aprecia en las líneas entrecruzadas que delinean aberturas destinadas al paso del aire. Esta solución estructural permite que, en caso de escalarse a dimensiones monumentales, las piezas redujeran la resistencia al viento y mantuvieran su estabilidad. Tal es el caso de la escultura pública Puerta 1808, ubicada actualmente en la esquina de Paseo de la Reforma y avenida Juárez, donde puede apreciarse una compleja estructura de proyecciones lineales y puntos de fuga, mismos que aparecen en algunas esculturas presentadas en esta exposición.
Manuel Felguérez comenzó a desarrollar este tipo de formas lineales después de un amplio recorrido en su trayectoria artística. El crítico de arte Juan Acha señaló que hacia 1956 ya era evidente en la obra de Felguérez la necesidad de distanciarse de la influencia de sus primeros referentes escultóricos, particularmente de Ossip Zadkine y Henry Moore. A partir de entonces, el artista emprendió la búsqueda de un lenguaje propio que lo conduciría, en la década de 1970, a la consolidación de una obra abstracto-geométrica. Para Juan Acha, este momento marca —aunque de manera tardía— la irrupción del geometrismo en México. Así, es posible observar en estas esculturas líneas rectas, círculos, triángulos e intersecciones que generan vértices y ángulos pronunciados conforman el vocabulario formal de las esculturas de Felguérez pertenecientes a este periodo.
En estas obras es posible advertir la transición del relieve, desarrollado para murales destinados al espacio público y en obras de pequeño formato, hacia una escultura plenamente tridimensional, manteniendo siempre el diálogo entre pintura y escultura, dos de los intereses centrales de Felguérez. A partir de la década de 1980, el artista manifestó su intención por explorar el volumen y la tercera dimensión. Fue entonces cuando realizó "esculturas en piedra tallada, objetos pesados, pulidos y redondeados que hallan fácilmente su lugar en la historia de la escultura moderna junto a artistas como Jacques Lipchitz”. Las esculturas de las décadas de 1990 y los primeros años del siglo XXI reunidas en esta exposición muestran un alejamiento progresivo de la geometría estricta.
La muestra incluye también un segundo conjunto de esculturas realizadas en bronce que evidencian una transformación significativa en la producción de Felguérez. Se trata de obras de carácter más orgánico, distantes del rigor geométrico y de la evidente influencia constructivista que había definido buena parte de su trabajo anterior. En ellas predominan formas redondeadas que enfatizan tanto la densidad del material como la sensación de gravedad inscrita en la propia configuración de los volúmenes. Varias de estas piezas remiten explícitamente a seres vivos, como Búho (1996), Gato (1995), Ermitaño (1996), Voyeur (1995) y Mujer de Saliagos (1996). Un caso particularmente interesante es Insinuación del círculo, en la que Felguérez parte del contorno de un círculo para conferirle espesor y volumen esférico, transformando una figura bidimensional en una forma plenamente tridimensional.
Algunas de las obras reunidas en esta exposición evocan el trabajo del escultor constructivista ruso Naum Gabo. Es posible advertir resonancias con Spiral Theme (1941) en el despliegue de formas orgánicas construidas a partir de líneas curvas que caracteriza obras de Felguérez como Dinámica lineal (2012). De igual manera, piezas como Construction in Space: Two Cones, o la pieza titulada Spheric Theme (Penetrated Variation) (ca. 1937-1940), donde Gabo conjuga geometría y sensación de movimiento, encuentran un eco visual en Insinuación del círculo, cuya curvatura de líneas siguen la idea del escultor alemán Adolf Hildebrand, quien en su libro The Problem of Form in Painting and Sculpture (1907) reflexiona sobre la importancia del movimiento de las líneas en la escultura: “Nuestra idea de la esfera es más bien la de una línea circular bidimensional, más una idea de movimiento por la cual este círculo se repite por igual en todas las direcciones.” Así, Felguérez insinúa un círculo marcando las líneas en movimiento de una forma semi esférica. A pesar de las afinidades formales entre Gabo y Felguérez, sin embargo, contrasta su empleo de distintos materiales: mientras Gabo recurrió con frecuencia a materiales industriales como el acrílico y el plexiglás, Felguérez realizó esculturas principalmente en aleaciones metálicas y madera. Si bien Manuel Felguérez nunca hizo una referencia explícita a Naum Gabo, resulta evidente que buena parte de su imaginario escultórico se nutrió de las vanguardias desarrolladas tanto en Europa del Este como en Europa occidental.
Finalmente, en esta muestra se presenta un tercer conjunto de esculturas realizadas en madera. Todas ellas son modelos a pequeña escala de obras que Felguérez desarrolló posteriormente en gran formato, también en hierro policromado. Tal es el caso de Sextante del cuadrado (1989), cuyo homónimo de mayor escala forma parte del acervo del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).
La muestra incluye además cinco pinturas realizadas por Manuel Felguérez durante la década de 1980, en las que puede apreciarse una clara transición respecto de la producción derivada de La máquina estética en los años setenta, caracterizada por composiciones rigurosamente geométricas sobre el plano pictórico. En estas obras, el artista comienza a integrar formas orgánicas que dialogan con las estructuras geométricas, anticipando nuevas búsquedas formales. En ellas se observa esa búsqueda del artista por “superponer y engrosar la pintura”, un elemento característico de su última etapa de producción. En las pinturas, la pincelada y la aplicación del óleo con espátula revelan una técnica de gran riqueza matérica, capaz de enfatizar la densidad y las cualidades físicas del pigmento. Al mismo tiempo, la paleta de colores de estas pinturas difiere de la que caracterizó a las obras realizadas para La Máquina Estética, donde predominaban sobre todo los colores vibrantes. En contraste, estas piezas se distinguen por una gama de tonos terrosos, como ocres, cafés y rojos, así como por la incorporación de grises en distintas tonalidades y matices plateados. Destaca la pintura Mientras muere la tarde (1982), en la que Felguérez incorpora los colores de un atardecer mediante una transición gradual del naranja al amarillo, haciendo alusión a los matices característicos de los instantes previos a la llegada de la noche.
Es posible observar la flexibilidad conceptual de Manuel Felguérez en su tránsito entre la escultura y la pintura. Su continuo desplazamiento entre un medio y otro recuerda a la distinción formulada por Adolf Hildebrand entre los materiales mentales del escultor y los del pintor. Para Hildebrand, el escultor trabaja a partir de ideas cinestésicas, a las que, en sus palabras, “da expresión dándoles forma con sus manos sobre material sólido”. El pintor, en cambio, parte de ideas visuales y expresa la forma mediante imágenes proyectadas sobre una superficie bidimensional. La práctica de Felguérez articula ambos modos de pensamiento: recurre al volumen cuando trabaja a partir de la experiencia cinestésica y a la línea y el plano cuando desarrolla imágenes visuales. Sin embargo, uno de los aspectos más significativos de su producción radica precisamente en el diálogo entre ambos lenguajes. A lo largo de su trayectoria exploró cómo trasladar las formas concebidas en el plano bidimensional hacia el espacio tridimensional, es decir, un proceso que implicaba recrear la imagen para convertirla en una experiencia espacial y volumétrica.
La exposición pone de manifiesto que la experimentación con distintos medios, materiales y modos de pensamiento artístico fue una constante en la práctica artística de Felguérez. Esta vocación puede identificarse desde sus primeras esculturas en bronce, pasando por el empleo de materiales de desecho en obras como el Mural de Hierro (1961), originalmente instalado en el Cine Diana, en Ciudad de México, así como en los proyectos desarrollados para El espacio múltiple, los relieves policromados y las esculturas de cartón y hierro policromado surgidas de La máquina estética. Del mismo modo, sus últimas obras confirman que esa exploración material permaneció vigente hasta el final de su creación artística, incorporando nuevos materiales como la madera.
Evocaciones escultóricas busca recuperar una parte de la producción tardía de Manuel Felguérez como una forma de reconstruir el universo creativo del artista, y con ello hacer un llamado a la memoria colectiva. La exposición invita a imaginar el espacio de su estudio, a observar las esculturas realizadas durante los últimos años de su producción y a descubrir las soluciones formales y materiales que desarrolló en cada una de ellas. La muestra reúne piezas cuyo espacio original fue la casa y el taller del artista, obras que aguardaban una nueva oportunidad para ser vistas y apreciadas.
Sculptural Evocations by Manuel Felguérez
By Vera Castillo
Sculptural Evocations presents a journey through the work of Manuel Felguérez by way of a set of sculptures and paintings made between the 1980s and 2015. More than a chronological survey, the exhibition seeks to reawaken our memory of one of the foundational artists of modern art in Mexico, whose work was central to the consolidation of abstract and geometric art in Mexico. His interest in art took shape at the very beginning of his artistic training, when he traveled to Europe in the 1940s and undertook his initial approaches to sculpture. He rose to prominence in the development of geometric art starting in the 1970s, when he succeeded in distilling his painting to the point of achieving a total geometry.
The exhibition features three groups of sculptures. The first comprises models made in polychrome metal, conceived by the artist as designs for possible public sculptures. He initially explored these designs using cardboard models held together with glue; once he had resolved them, he translated them into medium-scale pieces, which are on view in this show. These works from the 1980s and 1990s reveal a combination of geometric elements that may recall the characteristic forms of his earlier projects, such as La máquina estética (The Aesthetic Machine) and El espacio múltiple (Multiple Space).
The sculptures in this first group were conceived to convey a sense of lightness, despite being made of iron and having been intended as models for future monumental works in public space. That quality is evident in the crisscrossing lines that form openings meant to allow air to flow through. This structural solution meant that, if scaled up to monumental dimensions, the pieces would have less wind resistance and remain stable. Such is the case of the public sculpture Puerta 1808, currently located at the corner of Paseo de la Reforma and Avenida Juárez here in Mexico City, a complex structure of linear projections and vanishing points, both of which appear in several sculptures shown in this exhibition.
Manuel Felguérez began to develop this kind of linear form after a long trajectory in his artistic career. The art critic Juan Acha noted that by around 1956 the need to distance himself from the influence of his early sculptural points of reference—particularly Ossip Zadkine and Henry Moore—was already evident in Felguérez’s work. From then on, the artist set out to find a language of his own, which would lead him, in the 1970s, to consolidate an abstract-geometric body of work. For Juan Acha, this moment marks—albeit belatedly—the emergence of geometric art in Mexico. Thus, in these sculptures one can observe straight lines, circles, triangles, and intersections that generate vertices and pronounced angles, all of which make up the formal vocabulary of Felguérez’s sculptures from this period.
In these pieces, we witness the transition from relief—developed for murals intended for public space and for small-format works—toward a fully three-dimensional sculpture, always maintaining the dialogue between painting and sculpture, two of Felguérez’s central interests. In the 1980s, the artist started expressing his intention to explore volume and the third dimension. It was then that he made “sculptures in carved stone, heavy, polished, and rounded objects that readily find their place in the history of modern sculpture alongside such artists as Jacques Lipchitz.” His sculptures from the 1990s and the early years of the twenty-first century featured in this exhibition show a progressive move away from strict geometry.
The show also includes a second group of sculptures in bronze that disclose a significant transformation in Felguérez’s work. These are pieces of a more organic character, distant from the geometric rigor and the obvious constructivist influence that had defined much of his earlier work. In them, rounded forms predominate, emphasizing both the density of the material and the sense of gravity inscribed in the way the volumes themselves are shaped. Several of these pieces refer explicitly to living beings, such as Búho (Owl, 1996), Gato (Cat, 1995), Ermitaño (Hermit, 1996), Voyeur (1995), and Mujer de Saliagos (Woman from Saliagos, 1996). A particularly interesting case is Insinuación del círculo (Intimation of a Circle), in which Felguérez begins with the outline of a circle before giving it thickness and spherical volume, transforming a two-dimensional figure into a fully three-dimensional form.
Some of the works gathered in this exhibition evoke the work of the Russian constructivist sculptor Naum Gabo. One can detect resonances with Spiral Theme (1941) in the unfolding of organic forms constructed out of curved lines that characterizes such works of Felguérez’s as Dinámica lineal (Linear Dynamics, 2012). Likewise, pieces such as Construction in Space: Two Cones and Spheric Theme (Penetrated Variation) (ca. 1937–1940), in which Gabo combined geometry with a sense of movement, find a visual echo in Insinuación del círculo, the curving lines of which follow the idea of the German sculptor Adolf Hildebrand, whose book The Problem of Form in Painting and Sculpture (1907) reflects on the importance of the movement of lines in sculpture: “Our idea of the sphere is rather that of a two-dimensional circular line, plus an idea of movement by which this circle is repeated equally in all directions.” In this way, Felguérez intimates a circle by marking the moving lines of a semispherical form. Despite the formal affinities between Gabo and Felguérez, their use of different materials nevertheless stands in contrast: while Gabo frequently turned to industrial materials such as acrylic and Plexiglas, Felguérez made his sculptures mainly in metal alloys and wood. Although Manuel Felguérez never made an explicit reference to Naum Gabo, it is clear that much of his sculptural imagination drew on the avant-gardes that developed in both Eastern and Western Europe.
Finally, this show presents a third group of sculptures made in wood, all of which are small-scale models of works that Felguérez later developed in large format, also in polychrome iron. Such is the case of Sextante del cuadrado (Sextant of the Square, 1989), whose larger-scale namesake is part of the collection of the Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).
The exhibition also includes five paintings made by Manuel Felguérez during the 1980s, which show a clear transition from the work derived from La máquina estética in the 1970s, characterized by rigorously geometric compositions on the pictorial plane. In these works, the artist began integrating organic forms that engage in dialogue with the geometric structures, anticipating new formal explorations. In them one can see the artist’s quest to “layer and thicken painting,” a characteristic element of his final period of work. In the paintings, the brushwork and the application of oil paint with a spatula reveal a technique of great material richness, capable of emphasizing the density and physical qualities of the pigment. At the same time, the color palette of these paintings differs from the one that characterized the works made for La máquina estética, where vibrant colors predominated above all. By contrast, these pieces are distinguished by a range of earthy tones—ochres, browns, and reds—as well as by the incorporation of grays in different shades and silvery hues. Especially notable is the painting Mientras muere la tarde (As the Afternoon Dies, 1982), in which Felguérez incorporates the colors of a sunset through a gradual transition from orange to yellow, alluding to the characteristic hues of the moments just before nightfall.
One can observe Manuel Felguérez’s conceptual flexibility in his movement between sculpture and painting. His continual shifting from one medium to the other recalls the distinction Adolf Hildebrand drew between the sculptor’s mental materials and those of the painter. For Hildebrand, the sculptor works from kinesthetic ideas, to which, in his words, he “gives expression by fashioning them out with his hands in solid material.” The painter, by contrast, begins with visual ideas and expresses form through images projected onto a two-dimensional surface. Felguérez’s practice articulates both modes of thought: he turns to volume when working from kinesthetic experience, and to line and plane when developing visual images. Yet one of the most significant aspects of his work lies precisely in the dialogue between the two languages. Throughout his career he explored how to translate forms conceived on the two-dimensional plane into three-dimensional space—that is, a process that involved recreating the image in order to turn it into a spatial and volumetric experience.
The exhibition makes clear that experimentation with different media, materials, and modes of artistic thought was a regular part of Felguérez's practice. This vocation can be discerned in his earliest bronze sculptures, through his use of scrap materials in works such as Mural de Hierro (Iron Mural, 1961)—originally installed at the Cine Diana in Mexico City—as well as in the projects developed for El espacio múltiple, the polychrome reliefs, and the cardboard and polychrome iron sculptures that grew out of La máquina estética. In the same way, his final works confirm that this material exploration remained active through to the very end of his artistic output, incorporating new materials such as wood.
Sculptural Evocations seeks to recover a part of Manuel Felguérez’s late work as a way of reconstructing the artist's creative universe, thereby issuing a call to collective memory. The exhibition invites us to imagine the space of his studio, to look at the sculptures made during the last years of his career, and to discover the formal and material solutions he developed in each of them. The show brings together pieces whose original space was the artist’s home and workshop—works that were awaiting a new opportunity to be seen and appreciated.
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Evocaciones escultóricas de Manuel Felguérez
Por Vera Castillo
Evocaciones escultóricas propone un recorrido por la producción de Manuel Felguérez a través de un conjunto de esculturas y pinturas realizadas entre la década de 1980 y el 2015. Más que una revisión cronológica, la exposición busca traer a la memoria a uno de los artistas fundamentales del arte moderno mexicano, cuya obra ha ocupado un lugar central en la consolidación del abstraccionismo y el geometrismo en México. Su interés por el arte se consolidó desde el inicio de su formación artística, cuando viajó a Europa en la década de 1940 y comenzó sus primeros acercamientos a la escultura; cobrando protagonismo en el geometrismo a partir de los años setenta, cuando, logró depurar su pintura hasta alcanzar una geometría total.
La exposición presenta tres conjuntos escultóricos. El primero reúne modelos realizados en metal policromado, concebidos por el artista como proyectos para posibles esculturas públicas. Estas propuestas eran inicialmente exploradas mediante modelos de cartón ensamblados con pegamento y, una vez resueltas, se traducían en piezas de mediana escala, que son las que se presentan en esta muestra. Estas obras, fechadas entre las décadas de 1980 y 1990, revelan una combinación de elementos geométricos que pueden remitir a las formas características de sus proyectos anteriores como La máquina estética y El espacio múltiple.
Las esculturas de este primer conjunto fueron concebidas para transmitir una sensación de ligereza, pese a estar realizadas en hierro y a haber sido pensadas como modelos para futuras obras monumentales en el espacio público. Esa cualidad se aprecia en las líneas entrecruzadas que delinean aberturas destinadas al paso del aire. Esta solución estructural permite que, en caso de escalarse a dimensiones monumentales, las piezas redujeran la resistencia al viento y mantuvieran su estabilidad. Tal es el caso de la escultura pública Puerta 1808, ubicada actualmente en la esquina de Paseo de la Reforma y avenida Juárez, donde puede apreciarse una compleja estructura de proyecciones lineales y puntos de fuga, mismos que aparecen en algunas esculturas presentadas en esta exposición.
Manuel Felguérez comenzó a desarrollar este tipo de formas lineales después de un amplio recorrido en su trayectoria artística. El crítico de arte Juan Acha señaló que hacia 1956 ya era evidente en la obra de Felguérez la necesidad de distanciarse de la influencia de sus primeros referentes escultóricos, particularmente de Ossip Zadkine y Henry Moore. A partir de entonces, el artista emprendió la búsqueda de un lenguaje propio que lo conduciría, en la década de 1970, a la consolidación de una obra abstracto-geométrica. Para Juan Acha, este momento marca —aunque de manera tardía— la irrupción del geometrismo en México. Así, es posible observar en estas esculturas líneas rectas, círculos, triángulos e intersecciones que generan vértices y ángulos pronunciados conforman el vocabulario formal de las esculturas de Felguérez pertenecientes a este periodo.
En estas obras es posible advertir la transición del relieve, desarrollado para murales destinados al espacio público y en obras de pequeño formato, hacia una escultura plenamente tridimensional, manteniendo siempre el diálogo entre pintura y escultura, dos de los intereses centrales de Felguérez. A partir de la década de 1980, el artista manifestó su intención por explorar el volumen y la tercera dimensión. Fue entonces cuando realizó "esculturas en piedra tallada, objetos pesados, pulidos y redondeados que hallan fácilmente su lugar en la historia de la escultura moderna junto a artistas como Jacques Lipchitz”. Las esculturas de las décadas de 1990 y los primeros años del siglo XXI reunidas en esta exposición muestran un alejamiento progresivo de la geometría estricta.
La muestra incluye también un segundo conjunto de esculturas realizadas en bronce que evidencian una transformación significativa en la producción de Felguérez. Se trata de obras de carácter más orgánico, distantes del rigor geométrico y de la evidente influencia constructivista que había definido buena parte de su trabajo anterior. En ellas predominan formas redondeadas que enfatizan tanto la densidad del material como la sensación de gravedad inscrita en la propia configuración de los volúmenes. Varias de estas piezas remiten explícitamente a seres vivos, como Búho (1996), Gato (1995), Ermitaño (1996), Voyeur (1995) y Mujer de Saliagos (1996). Un caso particularmente interesante es Insinuación del círculo, en la que Felguérez parte del contorno de un círculo para conferirle espesor y volumen esférico, transformando una figura bidimensional en una forma plenamente tridimensional.
Algunas de las obras reunidas en esta exposición evocan el trabajo del escultor constructivista ruso Naum Gabo. Es posible advertir resonancias con Spiral Theme (1941) en el despliegue de formas orgánicas construidas a partir de líneas curvas que caracteriza obras de Felguérez como Dinámica lineal (2012). De igual manera, piezas como Construction in Space: Two Cones, o la pieza titulada Spheric Theme (Penetrated Variation) (ca. 1937-1940), donde Gabo conjuga geometría y sensación de movimiento, encuentran un eco visual en Insinuación del círculo, cuya curvatura de líneas siguen la idea del escultor alemán Adolf Hildebrand, quien en su libro The Problem of Form in Painting and Sculpture (1907) reflexiona sobre la importancia del movimiento de las líneas en la escultura: “Nuestra idea de la esfera es más bien la de una línea circular bidimensional, más una idea de movimiento por la cual este círculo se repite por igual en todas las direcciones.” Así, Felguérez insinúa un círculo marcando las líneas en movimiento de una forma semi esférica. A pesar de las afinidades formales entre Gabo y Felguérez, sin embargo, contrasta su empleo de distintos materiales: mientras Gabo recurrió con frecuencia a materiales industriales como el acrílico y el plexiglás, Felguérez realizó esculturas principalmente en aleaciones metálicas y madera. Si bien Manuel Felguérez nunca hizo una referencia explícita a Naum Gabo, resulta evidente que buena parte de su imaginario escultórico se nutrió de las vanguardias desarrolladas tanto en Europa del Este como en Europa occidental.
Finalmente, en esta muestra se presenta un tercer conjunto de esculturas realizadas en madera. Todas ellas son modelos a pequeña escala de obras que Felguérez desarrolló posteriormente en gran formato, también en hierro policromado. Tal es el caso de Sextante del cuadrado (1989), cuyo homónimo de mayor escala forma parte del acervo del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC).
La muestra incluye además cinco pinturas realizadas por Manuel Felguérez durante la década de 1980, en las que puede apreciarse una clara transición respecto de la producción derivada de La máquina estética en los años setenta, caracterizada por composiciones rigurosamente geométricas sobre el plano pictórico. En estas obras, el artista comienza a integrar formas orgánicas que dialogan con las estructuras geométricas, anticipando nuevas búsquedas formales. En ellas se observa esa búsqueda del artista por “superponer y engrosar la pintura”, un elemento característico de su última etapa de producción. En las pinturas, la pincelada y la aplicación del óleo con espátula revelan una técnica de gran riqueza matérica, capaz de enfatizar la densidad y las cualidades físicas del pigmento. Al mismo tiempo, la paleta de colores de estas pinturas difiere de la que caracterizó a las obras realizadas para La Máquina Estética, donde predominaban sobre todo los colores vibrantes. En contraste, estas piezas se distinguen por una gama de tonos terrosos, como ocres, cafés y rojos, así como por la incorporación de grises en distintas tonalidades y matices plateados. Destaca la pintura Mientras muere la tarde (1982), en la que Felguérez incorpora los colores de un atardecer mediante una transición gradual del naranja al amarillo, haciendo alusión a los matices característicos de los instantes previos a la llegada de la noche.
Es posible observar la flexibilidad conceptual de Manuel Felguérez en su tránsito entre la escultura y la pintura. Su continuo desplazamiento entre un medio y otro recuerda a la distinción formulada por Adolf Hildebrand entre los materiales mentales del escultor y los del pintor. Para Hildebrand, el escultor trabaja a partir de ideas cinestésicas, a las que, en sus palabras, “da expresión dándoles forma con sus manos sobre material sólido”. El pintor, en cambio, parte de ideas visuales y expresa la forma mediante imágenes proyectadas sobre una superficie bidimensional. La práctica de Felguérez articula ambos modos de pensamiento: recurre al volumen cuando trabaja a partir de la experiencia cinestésica y a la línea y el plano cuando desarrolla imágenes visuales. Sin embargo, uno de los aspectos más significativos de su producción radica precisamente en el diálogo entre ambos lenguajes. A lo largo de su trayectoria exploró cómo trasladar las formas concebidas en el plano bidimensional hacia el espacio tridimensional, es decir, un proceso que implicaba recrear la imagen para convertirla en una experiencia espacial y volumétrica.
La exposición pone de manifiesto que la experimentación con distintos medios, materiales y modos de pensamiento artístico fue una constante en la práctica artística de Felguérez. Esta vocación puede identificarse desde sus primeras esculturas en bronce, pasando por el empleo de materiales de desecho en obras como el Mural de Hierro (1961), originalmente instalado en el Cine Diana, en Ciudad de México, así como en los proyectos desarrollados para El espacio múltiple, los relieves policromados y las esculturas de cartón y hierro policromado surgidas de La máquina estética. Del mismo modo, sus últimas obras confirman que esa exploración material permaneció vigente hasta el final de su creación artística, incorporando nuevos materiales como la madera.
Evocaciones escultóricas busca recuperar una parte de la producción tardía de Manuel Felguérez como una forma de reconstruir el universo creativo del artista, y con ello hacer un llamado a la memoria colectiva. La exposición invita a imaginar el espacio de su estudio, a observar las esculturas realizadas durante los últimos años de su producción y a descubrir las soluciones formales y materiales que desarrolló en cada una de ellas. La muestra reúne piezas cuyo espacio original fue la casa y el taller del artista, obras que aguardaban una nueva oportunidad para ser vistas y apreciadas.
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